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viernes, 4 de enero de 2013

“¿Sabés tú lo que significan cinco níqueles?”


Rodal es cuidacoches en Hill Valley, California. Semanas atrás, juró haber visto desaparecer un auto y fue el hazmerreír de la ciudad. El autor de esta entrevista fue a visitarlo y alcanzó la verdad del mito: Rodal había estado cuidando el mismísimo DeLorean de Marty McFly. Y quedó enojado con la propina.

Es viernes al mediodía y el sol parece sonreír en Hill Valley. Desde su ostentosa posición tiñe de vivos colores los escalones del juzgado de la ciudad, donde el reloj en la torre le recuerda que debe brillar con esa intensidad al menos unas cinco horas más. El pasto está vestido del verde más elegante y ninguna nube se atreve a cortar el celeste profundo del cielo. Algún turista desprevenido podría asegurar que Hill Valley es feliz: casi no quedan rastros de la crisis de mediados de los 80, cuando la urbe entera, inducida por las privatizaciones de Biff Tannen, rozó las llamas del infierno y se sumió en la pobreza más exagerada, con el propio Tannen como dictador y emperador supremo.
“¿Sabes tú lo que significan para mí cinco níqueles, no?”, me repite Rodal. Parece estar un poco más indignado cuando suspira “cinco níqueles” una vez más. Lo cierto es que sí sé lo que significan para él cinco níqueles: nada. O mucho. Nada, porque jamás le alcanzará para beber los mismos licores con los que se emborrachan las altas esferas de Hill Valley; mucho, porque Rodal no tiene casi nada.
Rodal no cumple con los parámetros de lo que las agencias de viajes convinieron en definir como atracción turística. Es de mediana estatura, negro como el ébano, y de una piel curtida que hace errar por al menos veinte años a quien intente adivinar su edad. Vive en los suburbios de la ciudad, y él no logró ser alcanzado por los efectos de la mágica reestructuración política y económica de la metrópoli. Rodal tiene pocos dientes y barba entrecana. Rodal es cuidacoches. Rodal repite: “¿Sabes tú lo que significan para mí cinco níqueles, no?”.
—¿Qué significan para ti cinco níqueles, Rodal?
—Pues nada. O mucho. Nada porque no me alcanza para embriagarme tan putamente como lo hacen todos; mucho porque no tengo ni para la puta comida de hoy.
—¿Hace cuánto vives aquí, Rodal?
—No lo sé. Desde que tengo memoria, aunque no recuerdo cuando empecé a tener la puta memoria. Todo es igual en este condado. Todos piensan que tienen la puta memoria.
—¿No la tienen?
—Pero claro que no la tienen. Todos actúan aquí como si siempre hubieran tirado tocino al puto techo. Todos olvidan lo que era esta ciudad. Yo soy su puto recuerdo.
—¿Cuánto llevas cuidando coches?
— No lo sé, supongo que unos diez o doce años. Desde que la gente estabilizó sus bolsillos y pudo volver a comprarse un puto carro. Pero hay gente que olvida, hermano. Olvida que veinte años atrás no podían alimentarse ni con sus propias heces. Ahora ves a alguien con un buen carro y apenas te echa unos peniques por cuidárselo. ¿Sabes tú lo que significan para mí cinco níqueles? Siento tanto odio que les patearía sus putos coches. Aunque claro, entonces mi trabajo no sería eficiente. Debería impedir mis propios golpes y autodespedirme si fracasara.

No es casual mi entrevista con Rodal: él fue el protagonista de un hecho que ocupó la primera plana de los diarios y que robó varios minutos en el prime time de los noticieros más vistos del país. Hoy ya no es la figurita difícil de días atrás: el vértigo de la televisión volvió efímero el suceso y Rodal fue el de siempre. Las noticias y la población volvieron a olvidarlo.
—¿Cómo fue que desapareció aquel vehículo?
—No lo sé, hermano. Sólo avanzó. Tomó velocidad. Echó unos putos rayos al suelo y se esfumó mágicamente. Ya lo he dicho una y mil veces. No es mi culpa si no me creen.
—Rodal, todos te han echado el mote de loco. Tienes ahora tu chance de contar la verdad. ¿Vas a decirme que ese hecho no afectó en lo más mínimo tu trabajo?
—¿Y a ti qué te parece? Imagina un cuidacoches al que le desaparece uno de sus carros. ¿Tú imaginas la mala publicidad que eso significa? ¿Tú se lo dejarías? ¿Tú tienes coche? ¿Tú sabes lo que significan para mí cinco níqueles?
—Sí, lo sé. ¿Quién manejaba aquel automóvil?
—Lo conocen todos en Hill Valley. Debe ser del servicio técnico de la torre del reloj. Ha salido en la televisión reparándolo. Un hombrecillo con cara de adolescente, chaleco y unas tenis ridículas a su edad. Un verdadero fanfarrón, que de niño andaba en patineta todo el tiempo. Cinco níqueles fueron su propina. ¿Sabes tú lo que signi…
— Espera Rodal. ¿Cómo era aquel vehículo?
—No lo sé, hombre, yo lo estaba cuidando pero de lejos. Sólo me acerqué a reclamar mi puta propina cuando vi que el hombre subía para irse. Era un armatoste gris. Abría sus puertas para arriba, eso sí. Sólo había uno así en Hill Valley y lo manejaba el científico de aquí. Ése sí era amable con la propina. Ha llegado a dejarme diez dólares por pocos minutos de puta atención. En cambio este diablillo me deja cinco míseros níqueles.
—¿Qué hiciste cuando te dejó esos cinco níqueles?
—Le pregunté si él sabía lo que significaban para mí cinco níqueles.
— ¿Qué respondió?
— Nada. Sólo bajó las putas puertas y aceleró. Lo corrí, insultándolo a mil demonios. Creo que allí me vio por el retrovisor y aceleró más todavía. Y fue entonces.
—¿Fue entonces qué?
—Fue entonces que se hicieron esas putas líneas de fuego en el piso y el carro desapareció por completo. La policía preguntó por el ruido y les conté qué había pasado. Que me habían dado sólo cinco níqueles de propina.

Rodal está enfadado. Rodal es el retrato marginal, el vivo recuerdo de lo que fue la pobreza en Hill Valley. Lo que le duele a Rodal no es el dinero o la falta de él. Es la falta de solidaridad de su pueblo. El exitismo. El disfrute en tiempos benévolos y el olvido de la lucha. Parece ser feliz Hill Valley. Pero es una felicidad hipócrita. 

lunes, 28 de marzo de 2011

Descendía el sol por el oeste


Yo vi a esa vieja en una patineta de bondiola,
cuando el sol se apagaba y mi mamá decía 'hola'.

No andaba muy rápido la anciana,
la grasa de la bondiola un poco la frenaba.

Mi mamá solía mostrarme viejas patinando en bondiola,
el ferretero saludaba y mi mamá decía 'hola'.

Y patinaba por Corrientes, y patinaba por Lavalle,
tomó buena velocidad esa bondiola en la calle.

Las ruedas eran chorizos y la señora era calva,
vestía camisón gris y un velo de tul ambar.

Mi mamá decía 'hola' al panadero de la cuadra,
la vieja aceleraba en su bondiola alta cilindrada.

De golpe la patineta, de la vieja, se hizo Harley,
de bondiola,
el mendigo saludaba, y mi mamá decía 'hola'.

Y la vieja saludó a mi vieja, y mi mamá le dijo 'hola'.
La señora no vio el sesenta, que impactó contra su bondiola.

Y a la mierda con la vieja y la moto de bondiola.
"Triple fractura de cadera y fémur", diagnosticó la doctora.

Mi mamá me enseñó que es un buen fiambre la bondiola,
y la saludó un policía, y mi mamá le dijo 'hola'.

lunes, 22 de noviembre de 2010

A treinta años de la muerte de John Lennon

El 8 de diciembre próximo se cumplirá el trigésimo aniversario del asesinato de John Lennon. Tres de los integrantes de la banda tributo a The Beatles The Shouts analizan el legado y la trascendencia del ex Beatle. Bernardo Rapallini (quien ocupa el rol de George Harrison), Fernando Lotito (John Lennon) e Ignacio Criscuolo (Paul McCartney) recuerdan en Era Best Seller a uno de los músicos más influyentes de la música contemporánea.


"De seguir vivo, habría seguido rockeando, investigando mucho. Yo creo que se habría hecho amigo de los electrónicos, pero siempre con el perfil rockero." Fernando Lotito.


martes, 9 de noviembre de 2010

El día que murió Paul McCartney


En 1969, una llamada anónima a la emisora WKNR-FM de Michigan inició la leyenda: el oyente aseguraba que Paul McCartney había muerto en un accidente de tránsito el 9 de noviembre de 1965, y que había sido reemplazado por un doble durante los siguientes tres años. ¿Las pruebas a tal aparente ridiculez? En los propios discos de The Beatles, en sus portadas, en sus letras y hasta en mensajes subliminales que podían ser oídos con claridad si uno pasaba el vinilo del reverso.



Según el rumor, ese día McCartney había discutido con el grupo y había abandonado el estudio a toda velocidad a altas horas de la madrugada. Pasó un semáforo en rojo e impacto contra un camión, con tal violencia que fue decapitado. En plena fiebre beatle y con suficiente capital, el grupo compró la noticia y sobornó a los periódicos para que nada trascendiera.



Quienes primero se burlaron de la idea, borraron sus sonrisas al descubrir ciertas pistas que Los Cuatro (¿o los tres?) de Liverpool habían dejado dispersas en los discos. En la época el rumor se divulgó por la radio, con programas especiales y distintos trabajos que intentaban probar que Paul McCartney había sido reemplazado por William Shears Campbell, un policía de Canadá con un extraordinario parecido al beatle supuestamente fallecido.



Todas las preguntas son comprensibles: encontrar a una persona parecida a otra es fácil, pero... ¿bajista, con extraordinaria voz y talento musical, y zurdo?
Se dice que Campbell no sabía tocar el bajo y era diestro, por lo que le enseñaron a tocarlo con la zurda. Curiosamente, The Beatles pasó seis meses hasta sacar un nuevo álbum (largo período teniendo en cuenta su producción incansable), y dejó de hacer presentaciones en vivo. En los videoclips posteriores a la fecha del accidente, McCartney tiene una notable cicatriz en el labio, producto quizás de una cirugía plástica. Puede apreciarse con claridad aquí, en el minuto 0:46.

Las pruebas abundan por todas partes y cobran fuerza a medida que uno deja de lado el escepticismo e intenta creerse por un rato la leyenda urbana.





El disco Sargeant Pepper's Lonely Hearts Club Band (primero en salir tras el accidente) da incansables pruebas desde la portada. Un funeral plagado de gente famosa, las flores amarillas que escriben claramente "PAUL?" al tiempo que dibujan un bajo para zurdo; la mano sobre la cabeza de McCartney(símbolo de muerte en muchas culturas, y que se repite en álbumes como Yellow submarine); y un cuanto menos ingenioso y curioso mensaje en el bombo central: si uno coloca un espejo de forma transversal en la mitad de la frase "LONELY HEARTS", puede verse la siguiente imagen:




IONEIX podría referirse a la fecha del accidente (en inglés la fecha se escribe al revés: 11-9, nueve de noviembre) y HE DIE, es más que elocuente. Que el rombo apunte directamente a McCartney, ¿una nueva coincidencia?

Letras de algunas de las canciones dicen cosas como: "Apagó su mente en un auto, no se dio cuenta que las luces habían cambiado" (A day in the life); "Miércoles a las cinco de la mañana, cuando el día comienza", supuesta hora en la que se lo declaró muerto, en She's leaving home. Esta misma frase es señalada por George Harrison en la contratapa del disco. ¿Más curiosidades? La frase está superpuesta sobre la cabeza de McCartney, y Harrison la señala con un sexto dedo, nueva señal de desgracia en diferentes culturas. La canción que abre y le da nombre al disco nombra a Billy Shears (¿Campbell?) como el cantante que el público va a escuchar a continuación.

Si las pruebas parecen forzadas tanto en este álbum como en Magical Mystery Tour, el Álbum Blanco pretende reflotar el mito: al final de I'm so tired, John Lennon pronuncia una frase, que escuchada de reverso, claramente afirma: "Paul is dead man. Miss him, miss him (Paul está muerto, extráñenlo)". También se pueden escuchar con claridad este tipo de frases e incluso ruidos de accidentes si se escucha del revés el track vanguardista Revolution 9, de casi treinta minutos de duración.



Por último, Abbey Road simula un funeral, donde Paul, que camina descalzo, es el difunto; John Lennon de blanco, el sacerdote, Harrison el sepulturero y Ringo Starr el deudo. McCartney lleva el paso cambiado, y un cigarrillo en la mano... derecha. La patente del auto de atrás: 28IF. 28 Si... Paul McCartney viviera.




Musicólogos argumentaron que la voz de McCartney y su técnica con el bajo diferían notoriamente desde 1966 en adelante con la primera etapa beatle. Todo esto no hacía más que incrementar las dudas y el mito.




Si se convenció de que esto es posible, aún no devuelva su entrada para ver al farsante que emula al ex beatle. Si bien las pistas abundan, también es cierto que la propia paranoia de los fans las alimenta. Seguramente, los Beatles dejaron tocar y aparecer en vivo tal como lo anunciaron, sólo porque buscaban más trabajo de estudio. La cicatriz de McCartney tal vez sólo se debe a un accidente de moto que tuvo un mes después de su supuesto fallecimiento, y que sí salió en los diarios. Quizás la noticia no salió ese miércoles porque simplemente no existió y todo fue una jugada maestra de una banda que trascendió mucho más que por su música, y que a cuarenta años de haberse disuelto, sigue regalando cosas que sorprenden. John Lennon era un fanático de las teorías conspirativas y de la resolución de este tipo de misterios, y muchos atribuyen el mito a su propia autoría y genialidad.




McCartney celebrará el 45° aniversario de su propia muerte con dos recitales en River. Más de cien mil personas tendrán el privilegio de verlo tras de 17 años de su última visita a Argentina, cantando memorables melodías de The Beatles, Wings, y su carrera solista. Para quienes no consiguieron su entrada, sólo les queda el consuelo de pensar que a lo mejor se trata de un simple ex policía de Canadá, llamado William Shears Campbell. Y que escribió canciones como Hey Jude, Live and let die o Let it be.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Ni penas, ni olvido; peronismo dividido


"¿Cómo narrar una guerra en la que todos se matan y mueren invocando a un Ausente? Sólo Soriano supo hacerlo (...) como si corriera. Porque perseguía hechos escurridizos. Y sabía que, si uno solo de ellos se le escapaba, no lograría reflejar cómo fue posible que un peronista muriera por la exacta, idéntica causa por la que él mataría a ese otro peronista que ahora estaba matándolo." José Pablo Feinmann.


En 1974 Osvaldo Soriano golpeaba las puertas de todas las editoriales en busca de alguna que deseara publicarle su segunda novela. El contexto político de entonces obligaba a los editores al portazo. Porque No habrá más penas ni olvido era el mejor retrato de lo que sucedía entonces: peronistas versus peronistas, de derecha e izquierda, asesinándose unos a otros en nombre de un mismo líder. Clima hostil y enrarecido para dar a luz a una obra de esa calaña.

En 1978, la novela fue publicada en el exterior. Soriano estaba exiliado desde 1976, y en Argentina el libro recién fue publicado en 1983. Esto hizo circular la creencia de que había sido escrito durante ese exilio, aunque la realidad es que una década atrás nadie había querido hacerse cargo de publicar la obra.

La historia en sí narra la conspiración en contra de Ignacio Fuentes, un delegado del ficticio pueblo Colonia Vela, donde transcurre el grueso de las novelas de Soriano. Suprino, jefe del partido justicialista local, deseaba desplazar a Fuentes de su mandato, alegando su supuesto comunismo. El delegado decide resistir en el poder, por lo que se arma y da inicio a una batalla entre peronistas de izquierda y de derecha que, con el correr de las páginas, se convertirá en una postal del Apocalipsis.

Con el estilo que lo distingue, Osvaldo Soriano narra los hechos de manera vertiginosa, con escasos recursos y un lenguaje austero pero directo, siempre al grano y a lo que importa. A la velocidad de los hechos que pretendía narrar, no podía detenerse en detalles minuciosos ni en la elegancia literaria. A pesar de esto y de la gravedad de la historia, Soriano no puede con su genio y se permite deslizar graciosas ocurrencias, quizás para sacar al lector de tanto dramatismo por un instante.

El clima bélico que desarrolla la novela y el enfrentamiento entre seguidores de un mismo Perón, pero divididos bajo banderas ideológicas absolutamente opuestas, denotan las contradicciones del peronismo y remiten al tangible y trágico ejemplo de la Masacre de Ezeiza, en 1973.

El mismo año de su publicación en Argentina y con el retorno de la democracia, No habrá más penas ni olvido fue adaptada al cine por Roberto Cossa y Héctor Olivera. El reparto lo integraban Federico Luppi, Héctor Bidonde, Rodolfo Ranni y Víctor Laplace, entre otros.

martes, 19 de octubre de 2010

Informe: Publicar en Argentina


El panorama editorial en Argentina se divide en dos grandes campos: Las grandes editoriales como Planeta, Sudamericana, Emece, entre otras; y aquellas, más pequeñas, que si bien no tienen tanto alcance como las primeras, son más de mas fácil acceso para los autores primerizos.

Mariano Valerio, Editor del Grupo Planeta explica que:



En el caso de Editorial Planeta, el autor debe presentar su original, donde será leído y evaluado. Si el manuscrito gusta, la editorial se encarga de publicarlo en forma gratuita, e incluso le paga al escritor un diez por ciento del precio de tapa. Hay quienes opinan que el visto bueno se le otorga a aquellos que cuentan con mas posibilidades de vender; y que los ignotos no tienen tantas oportunidades.


El escritor argentino Osvaldo Bayer opina que: 


En la mayoría de los casos, los escritores coinciden en que es necesario conseguir un mecenas que “auspicie” la edición del primer libro.

El caso de Fernando Rodríguez, autor de “Esas Cosas tan Claras” no fue diferente:






Las editoriales de autor, son accesibles y representan una muy buena opción para quienes quieren editar su material. “De los Cuatro Vientos” es una de ellas, el precio a pagar esta sujeto a la cantidad de páginas que tiene el manuscrito y a la cantidad de ejemplares a imprimir. En general, la opera prima de un autor desconocido, es para repartir entre amigos, familiares, periodistas y gente del medio. Estos últimos con el fin de ver si se tiene alguna repercusión. El libro no sale a la venta hasta que la ultima cuota esta paga.



Actualmente la publicación de un libro, pequeño, ronda en los 5000 pesos. Una suma que no todos los que pretenden vivir de la escritura pueden permitirse. De todas formas, la oferta es amplia y existen una gran variedad de opciones. La elección de la editorial, si bien es un factor de peso, no es determinante a la hora de que un autor desconocido trascienda, ya que el círculo no está cerrado.





sábado, 9 de octubre de 2010

John Lennon, 70 años después


Hace exactamente 70 años, el 9 de Octubre de 1940, las bombas germanas azotaban Inglaterra, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. En la ciudad portuaria de Liverpool, la luz de los ataques iluminaba el camino de Mary Stanley, que se dirigía al Hospital de la Maternidad. Allí, su hermana Julia acababa de dar a luz a un bebé. Mary miró al pequeño, y supo que, más que como su tía, se vería obligada a cuidar de él como una madre. Julia también lo sabía. El niño, aún no. El niño se llamaba John Winston Lennon.

El pequeño John dibuja. Tiene cinco años. La vocación artística aflora desde los albores de su vida. El sufrimiento también: su padre, Alfred, acaba de irse de la ciudad. Su madre ya lo había dejado al cuidado de su hermana, a quien John llama “tía Mimi".

Algunos años después, John Lennon ya escribe. Poesías, poemas. Lee mucho. Ágatha Christie, Edgar Allan Poe. No es un niño normal. Nunca lo fue. Siente que, además, sus profesores deberían notarlo, y por ello tiene una mala relación con sus maestros. Sólo unos pocos lo orientan y contienen. Hasta su tía Mimi tira las poesías que él escribe. “Un día te arrepentirás de haber tirado mis poesías”, advierte John. Visionario.
Para 1957, un adolescente Lennon toca la guitarra, regalo de Julia. Su madre le había enseñado también algunos acordes de piano. Toca en el coro de la iglesia, y con su carisma y escasa memoria para recordar las letras de las canciones, sorprende a los creyentes improvisando y modificando los cantos. Tras brindar un show con su banda escolar The Quarrymen, su amigo Ivan Vaughan le presenta a un muchacho zurdo, con grandes cualidades para la música. Se llama James Paul McCartney. Ese encuentro revoluciona para siempre la música moderna.


The Quarrymen, tras incorporar a George Harrison, muta varias veces su nombre hasta llegar a The Beetles. Según John, un duende le dijo que debía reemplazar la “e” del medio por una “a”. Así nace The Beatles: Lennon es líder, voz principal y segunda guitarra; McCartney es el bajista, Harrison la primera guitarra, y Pete Best está en la batería. Luego es reemplazado por Ringo Star. El resto es historia conocida.
La vida de Lennon atravesaría nuevamente la tragedia. En el mejor momento de la relación con su madre, Julia Stanley es atropellada por un policía que manejaba borracho. Muere en el acto. John jamás pudo recomponerse del trauma, y exorcizaría su amor por su madre y el dolor por su partida en canciones como “Julia” o “Mother”. Este tipo de golpes, y la genialidad que por momentos lo devoraba, hacían de John Lennon una persona cínica, absolutamente ególatra, pero también de una inteligencia superlativa y muy sensible a las cosas que lo rodeaban.


Mientras se gesta su vida como músico, se casa con Cynthia Powell en 1962, cuando ella queda embarazada. En abril de 1963 nace Julian Lennon. Para entonces, The Beatles empezaba a ser furor, y Lennon no tenía tiempo para ocuparse en demasía de su hijo.
Con el correr de los discos, los Beatles crecen en todos los aspectos. Dejan la música pegadiza y comercial (aunque de excelente calidad) y experimentan nuevas formas de componer, influenciados por su genialidad como conjunto y por el toque maestro de George Martin. La droga era sólo un complemento.
En 1968 Lennon conoce a la artista plástica japonesa Yoko Ono. En 1970, The Beatles se disuelve, y muchos culpan a la asiática de ser la principal responsable, por su supuesta influencia negativa en John. Sin embargo, la guerra de egos entre los cuatro de Liverpool es el principal causante de la ruptura. Pero Lennon cambió desde su encuentro con Yoko: desde 1968 comienza a promover la paz a nivel mundial. Hasta se quita su segundo nombre, Winston, porque respondía a un homenaje a Winston Churchill, Primer Ministro Británico.


Lennon inicia su carrera solista, que sin ser brillante deja discos y canciones memorables a la paz, el amor y la esperanza. Imagine, Jealous guy, Woman, Happy Christmas o Mother son algunas de ellas.
En 1975, nace su segundo hijo, Sean Ono Lennon. Entonces Lennon dice basta: “No intento estar corriendo a veinte mil millas por hora probándome. No quiero morir a los cuarenta”. El mundo de la música le había robado ya el disfrutar de un hijo. Decide dedicarse a criar a Sean. Se aleja de la industria musical. Cuelga la guitarra por cinco años, y en ese lustro jamás la acaricia, según sus propias palabras.

Cosas del destino, Alfred Lennon abandonó a John cuando éste tenía cinco años. El músico, a su vez, se enamoró y dejó de lado a su primera familia en 1968, cuando Julian cumplía cinco años. Sean también perdería a su padre a esa edad.
Lennon vuelve al ruedo en 1980 con un disco doble: Double Fantasy. La crítica es buena y el músico está feliz,en plenitud familiar y profesional. Pero el desenlace no fue justo. La tarde del 8 de diciembre, firma un autógrafo a un fan. Se lo firma en una copia de su último disco, y le pregunta a su admirador si necesitaba algo más. Mark David Chapman responde que no. Pero se queda merodeando en los alrededores del edificio.


Lennon vuelve del estudio al anochecer. Chapman sigue allí, pero John no lo ve. Chapman grita: “Mister Lennon”. El músico se da vuelta y recibe cuatro disparos mortales: uno en la cabeza, dos en el pecho y uno en un brazo. Camino al Hospital Roosevelt, un agente de policía le pregunta si era John Lennon, “el de los Beatles”. Con un débil “Yeah”, la misma expresión que lo había llevado al éxito en los sesenta, se despide del mundo. Sobran las paradojas en la vida y muerte del hombre que luchó por la paz, aún habiendo nacido entre misiles. Se fue a los cuarenta años. Como él no quería. Como nadie quería.

jueves, 7 de octubre de 2010

Nobel de la Literatura a Mario Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa fue distinguido hoy con el Premio Nobel de la Literatura. El escritor peruano, también nacionalizado español, ya había sido ternado en varias oportunidades.
Vargas Llosa comenzó a transitar la fama en la década de 1960, con novelas como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965), y Conversación en La Catedral (1969) Su obra recorre la comedia, la novela policial, histórica y política. Novelas como Pantaleón y las visitadoras (publicada en 1973) y La tía Julia y el escribidor ( de 1977), fueron adaptadas y llevadas al cine.

Al recibir el premio, Vargas Llosa aseguró que pensó que era una broma, y resaltó el reconocimiento a la Literatura en lengua española. A sus 74 años, la distinción lo ubica en el mismo escalón que otros escritores latinoamericanos que recibieron el Nobel: El mexicano Octavio Paz (1990), el colombiano Gabriel García Márquez (1982), el chileno Pablo Neruda (1971), el guatemalteco Miguel Angel Asturias (1967) y la chilena Gabriela Mistral (1945).
Vargas Llosa siempre se mantuvo ligado a la política, y en 1990 fue candidato a la presidencia de Perú por el partido de centro – derecha Frente Democrático. Tras ser derrotado en los comicios, se radicó en España, donde en 1993 obtuvo la doble nacionalidad.
Repercusiones
La distinción a Vargas Llosa tuvo repercusiones en todo el mundo, especialmente en España. Los principales medios de ese país se hicieron eco de la noticia y celebraron la decisión de la Academia.
En determinado momento del día, corrió el rumor de que Gabriel García Márquez se había referido en la red social Twitter a la obtención del premio, aunque horas más tarde la información fue desmentida.

Por motivos que se desconocen, García Márquez y el flamante Nobel están enfrentados hace años. Las principales hipótesis sostienen que el conflicto se basa en diferencias ideológicas, aunque algunos también hablan de envidia de Vargas Llosa y hasta de un problema de polleras. Sin embargo, existe un acuerdo de confidencialidad entre ambos escritores para que no trasciendan los verdaderos motivos de la pelea. Es famosa una foto en la cual García Márquez se muestra con un ojo morado, producto de una trompada de su colega peruano.

La última novela de Mario Vargas Llosa es El sueño del celta, que trata la vida del diplomático británico Roger Casement, quien denunció las atrocidades cometidas en el Congo de Leopoldo II. Se lanzará al mercado el próximo 3 de noviembre en América Latina, España y Estados Unidos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Primer remate beatle en Buenos Aires


El viernes pasado, y con expectativas de recaudar más de dos millones y medio de pesos, el Banco Ciudad inauguró la primer subasta en Argentina de objetos que pertenecieron a Los Beatles.

Un bajo marca Conrad modelo Hofner Style es el artículo que más cotiza de base: 50 mil pesos. Un dibujo de John Lennon fechado en mayo de 1968 lo secunda en valor monetario, con un piso de 45 mil pesos. Además, cartas de los músicos a sus fans, objetos autografiados por los cuatro de Liverpool, manuscritos de algunas canciones como The fool on the hill o In my life, pósters, fotos y discos de oro y platino obtenidos en las carreras solistas de Los Beatles completan la lista de 144 artículos a subastar.

Sin embargo, no todo lo que se vende es beatle: también hay discos y objetos autografiados por bandas legendarias como Rolling Stones o Kiss, y artistas de la talla de Sting y Frank Zappa.

Los ítems, pertenecientes al coleccionista Raúl Blisniuk, serán subastados el viernes 15 de octubre en el Auditorio Santa María de los Buenos Aires, situado en Esmeralda 660. Aquellos fanáticos que deseen pasar a echar una mirada, pueden hacerlo de lunes a viernes de 10 a 18, y también los fines de semana.

martes, 28 de septiembre de 2010

Abbey Road, 41 años después


“Por última vez. Como en los viejos tiempos”. Con esta frase, Paul McCartney convenció a George Martin, el productor y arreglista de buena parte de los discos beatles, de grabar un último trabajo, luego de que el álbum Let it be, cuya salida a la venta se demoraba, no hubiera sido uno de los grandes discos que ellos mismos esperaban. Martin aceptó, pero antes preguntó a la defensiva a McCartney si John Lennon estaba de acuerdo, lo que indicaba la inminente separación de caminos concretada meses más tarde.
El 26 de septiembre de 1969 salió a la venta Abbey Road, el último trabajo discográfico de The Beatles, nueve meses antes que Let it be, que había sido grabado antes y que recién saltaría al mercado con la banda ya disuelta.
Abbey Road marcaba historia desde su portada: la foto del disco mostraba a los cuatro músicos cruzando una calle londinense homónima al álbum. Desde aquel flash, ésa esquina cambió para siempre: hoy, miles de fans y turistas esperan su turno para cruzar la avenida y poder retratarse como sus ídolos.
En cuanto al disco en sí, basta decir que muchos lo consideran como uno de los mejores tanto de la banda como de la historia. Mostraba el auge artístico que transitaba cada uno de los Beatles: en el caso de Lennon, la vanguardia en canciones como Because, y la incursión en el heavy metal con temas como Come Together o I want you (She’s so heavy). Paul McCartney plasmaba todo su talento y capacidad en canciones memorables como Oh Darling!, o Golden Slumbers. Hasta Ringo Starr se dio el lujo de componer la alegre Octopus’s Garden, su única autoría solista dentro del grupo. Ni que hablar de George Harrison, que alcanzó la cumbre de su calidad como compositor con las ya clásicas baladas Something y Here comes the sun. Harrison fue, en efecto, el que mejor críticas recibió durante su carrera solista.
“El disco tiene un sonido muy setenta. Yo pienso que son Los Beatles de los setenta, lo que hubieran sido si seguían”, opina Fernando Lotito, cantante de la banda tributo The Shouts. Es que el trabajo de George Martin en la producción y orquestación del disco, y el del ingeniero Geoff Emerick en el sonido, fue una vez más impecable: le dieron al disco lo que necesitaba para ser difícil de olvidar y para demostrar que la banda seguía intacta aún a horas de separarse. Lo hicieron como en los viejos tiempos. Pero por última vez.

martes, 14 de septiembre de 2010

Para volverse loco un rato...


"Escribir sin pensar, Romaña, y sobre todo, no permanecer sin escribir." Éste era el consejo que el imaginario consejero Mago Charamama le daba al protagonista de La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique. Y es así como parecen gestarse las obras del escritor peruano. Ése es el estilo de Bryce, porque parece que escribiera sin detenerse, solamente impulsado por la vorágine de la hilaridad y la ironía. Él mismo ha dicho que sus obras son como un monólogo y que parecen escritas para ser leídas en voz alta.

Bryce Echenique maneja un estilo en el que se mezclan la ironía, el delirio y el humor desopilante con la tragedia, la melancolía y el fracaso de sus personajes, que generalmente son quienes se lanzan a la escritura para narrar sus desventuras en un mundo que les es absolutamente esquivo. Su sello vio la luz en 1970 con su primera novela, Un mundo para Julius, que dos años más tarde ganó el Premio Nacional de Literatura en Perú, y en 1974, el Premio a la Mejor Novela Extranjera, en Francia.


Otra característica de las obras de Echenique es la manera de desarrollar sus historias. En general, la verborragia de sus personajes hace que el lector se entere primero cuál fue el desenlace, para luego conocer su comienzo y más tarde, el nudo.


La vida exagerada de Martín Romaña fue publicado en 1981. Está narrada en primera persona por el propio Martín Romaña, un joven escritor peruano que se muda a Francia con su esposa Inés luego de recibirse de abogado en Lima. Romaña es hijo de una familia de banqueros (al igual que Bryce Echenique), pero a menudo reniega de su condición pudiente, y demuestra un fuerte arraigo a su tierra (al igual que Bryce Echenique). Tímido, indeciso y lleno de fobias, fracasará al escribir una novela, militará de manera intrascendente e involuntaria en un grupo de izquierda (lo que lo vinculará estrechamente al Mayo de París) y hasta experimentará un caso de hemorroides que lo llevará al borde de la locura. Su único refugio es un viejo sillón Voltaire donde se sienta a escribir en su cuaderno, y donde también decide "volverse loco un rato" cuando la situación así lo exige. En París, sufrirá por el alejamiento de su esposa, y se desenamorará tanto de Francia como de Ernest Hemingway, aunque su esperanza parece resurgir cuando en sueños conoce a la mujer de su vida, a la que llama Octavia de Cádiz, y se convence de su existencia real y tangible. Según el propio Romaña, todo el libro está escrito en un "cuaderno azul de navegación", y más adelante necesitará uno rojo "de fatídica navegación" para culminar su historia.


El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz es la secuela de La vida exagerada de Martín Romaña, y entre ambos componen lo que el protagonista llama "Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire". Las novelas son tan extensas como recomendables, sobre todo para los adictos a la melancólica figura del antihéroe, aunque lo más destacable es el sentido del humor, que por momentos aseguran la carcajada.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nunca más


Un triste aniversario. Un 6 de septiembre de 1930 se producía el primer Golpe de Estado en la historia constitucional de nuestro país. El General José Félix Uriburu derrocó a un Hipólito Yrigoyen bastardeado por la prensa y resistido tanto por la oposición conservadora como por la misma clase media que le había dado su apoyo en las elecciones de 1928. La crisis económica mundial y la debacle política, apoyadas en la imagen personalista de Yrigoyen, fueron las principales causas del derrocamiento.


De allí en adelante, se inició una historia que se repetiría de forma constante al menos una vez por década. Al golpe de 1930 le siguieron el de 1943, cuando Juan Domingo Perón derrocó a Ramón Castillo; a su vez, el propio General Perón sería derrocado en 1955, a manos de la llamada Revolución Libertadora. En 1962 tuvo lugar el cuarto golpe de Estado, esta vez a Arturo Frondizi. Apenas cuatro años más tarde, Juan Carlos Onganía deponía en el poder a Arturo Illía, esta vez amparado bajo el nombre de Revolución Argentina. Finalmente, en 1976 llegó el Golpe de Estado más violento de la historia argentina. El Proceso de Reorganización Nacional, que derrocó a Estela Martínez de Perón, desapareció más de 30 mil personas en su supuesta guerra antisubversiva.
Si bien todos los golpes de Estado son violentos, tomando como medida que la Constitución Nacional deja de tener vigencia y todos los derechos y garantías individuales son cercenadas, la violencia física comenzó a hacerse explícita en el golpe de 1955. Por primera vez, y sea de manera clandestina o pública, decenas de opositores o simpatizantes fueron fusilados. Rodolfo Walsh narra estos hechos en la novela inaugural del género de la no - ficción, Operación Masacre.
Mientras que en los cuatro primeros golpes, el Ejército tomó el poder de manera provisional, en 1966 y en 1976 se establecieron de forma permanente, en lo que se conoce como Estado Burocrático - Autoritario.
Lo que llama la atención de estos procesos políticos es el apoyo que tuvieron por parte de los medios de comunicación a lo largo de la historia y de diversos sectores de la sociedad, desde la clase media hasta la Iglesia Católica. El dolor y el terror impuesto entre 1976 y 1983 se convirtió en un reclamo constante de justicia y verdad, y un llamado a que no suceda nunca más.
Hoy se espera que el de 1976 haya sido el último golpe de Estado. Hoy se cumplen 80 años del primero, allá por 1930. Y no hay nada que festejar.

martes, 31 de agosto de 2010

El fútbol está de luto


Francisco Varallo falleció ayer a los 100 años en la ciudad de La Plata, donde había nacido el 5 de febrero de 1910 en el barrio de Los Hornos. Era el último sobreviviente de la final del mundo de 1930, y es uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.

Era la última persona que podía contar la final del mundial de 1930. Había sido amigo de Carlos Gardel, a quien conoció en Uruguay ese mismo año. En apenas doce años de futbolista, quebró todos los récords de la época y entró en la historia del fútbol argentino. Francisco Pancho Varallo falleció ayer en La Plata a los cien años de edad, cifra tan impactante como la de los goles que se cansó de gritar.
Probablemente su figura haya resonado en los medios más que nunca en los últimos dos años, pese a que su época de oro había pasado hacía más de setenta, cuando las cadenas deportivas lo devolvieron a la vida mediática para anunciar que había un nuevo goleador que amenazaba con quebrantar su récord histórico. Quizás Cañoncito, tal su apodo, haya visto con tristeza cómo Martín Palermo lo destronó como máximo goleador de Boca Juniors del profesionalismo.
Pero quizás Varallo no se haya dado cuenta que, por Palermo, muchos jóvenes conocieron su nombre y su historia.
Pancho había iniciado su carrera como futbolista en el Club 12 de Octubre, de La Plata. A los 8 años se probó en Estudiantes, pero su club no lo dejó ir. Finalmente, debutó en la primera de Gimnasia y Esgrima diez años más tarde y fue campeón en 1929.
Al año siguiente, el fútbol inició la era del profesionalismo. Ese mismo año llegó la primera Copa del Mundo, en 1930, en Uruguay. Varallo jugó cuatro de los seis partidos del certamen, marcó un gol frente a México, y se coronó subcampeón tras caer con la selección local por 4-2. Años más tarde, declaró: “El partido se perdió porque nos achicamos. Faltó guapeza.”
En 1931 pasó a Boca, club que le permitió entrar en la historia grande del fútbol argentino y donde jugó hasta 1940. En ese lapso obtuvo tres torneos locales, y anotó 194 goles oficiales en 222 partidos. Se convirtió entonces en el máximo goleador del profesionalismo en la historia del club. En su paso por la Selección Nacional, además del citado subcampeonato mundialista, obtuvo en 1937 el Campeonato Sudamericano.
Su carrera plagada de gloria le valió numerosos reconocimientos tanto a nivel internacional como local. En 1994, la FIFA le entregó la distinción Orden de Mérito, que ostentan Pelé y Franz Beckenbauer, entre otros. En La Plata, un tramo de la avenida 25 lleva su nombre. En 2008, fue declarado Ciudadano Ilustre de su ciudad natal.
Francisco Varallo es conocido entre los futboleros por chicos y grandes. Cañoncito no muere en el olvido, como tantas otras figuras históricas de nuestro deporte. El propio presidente de la FIFA, Joseph Blatter, demostró su pesar por el fallecimiento del goleador. Boca Juniors cerrará el club a modo de duelo y el domingo la hinchada xeneize volverá a corear su nombre, como en los buenos viejos tiempos.